Soy madre de hijos no vivos

Mi nombre, «María Teresa», por mi abuela materna «María Teresa», una mujer llena de amor, enamorada, madre de once hijos, con una vida dura.
Falleció, enferma, con sólo cuarenta años, tras la cuarentena de su último parto, en su cama, rodeada por sus hijos y en sus brazos su bebé. Te amo Abuela, te veo, te admiro, te honro.
No la he conocido en persona en esta mi vida actual como «María Teresa», pero forma parte de mí. Mi madre, desde siempre, la menciona, le llora y la honra con el amor que le precede. La tenemos presente.

Cuando tienes tu nombre en honor a un familiar, tienes mucho más que su nombre, su energía está en ti bien arraigada.
Qué importante separar las energías de cada ser desde el amor y el respeto, con una afirmación y decreto consciente, firme, atendiendo que la fuerza de ese ser y de todos tus ancestros, forma parte de tu poder, pero, cada esencia tiene su identidad, su vibración en crecimiento, y debemos estar en conexión con uno mismo, con nuestro corazón, reconociendo lo que no nos corresponde y nos oprime, honrando y liberando a todo nuestro clan.

A partir de este mi discernimiento, te invito a que lo hagas resonar con tu corazón, y te liberes de las energías que no te pertenecen, y más de aquellas que te hunden y paralizan, contrarias a tu evolución interior y física, a la creación de tus deseos en todas las áreas.

Me expongo y me presento ante ti, ante todos, para compartir mi camino hacia el logro de la maternidad, para que vayas más rápido en tu sentir de ser madre, te inspires, y conozcas procesos de resultados no deseados para que te liberes de experimentarlos.
Que los pasos que he transitado inmersos en dolor y miedo, sirvan a todas las mujeres y familias, como referentes, que te impulsen a tomar acción y conseguir gestar y parir un hijo con latido, desde la plenitud y confianza, celebrando por adelantado tus sueños hechos realidad.

Nací programada para no ser madre. Mi frase, desde niña, era: «No quiero ser madre, que los hijos te cortan las alas». No me cuestionaba esta creencia limitante sin sentido, si en esta vida aún no había sido madre como para expresar ese decreto con tanta convicción, anclado en mi corazón.
Cuarenta años más tarde se hizo consciente mi inconsciente en relación a la maternidad y recordé, volvió a pasar por mi corazón, el por qué. Todo tiene un por qué. Toda una vida llena de lecciones prácticas sobre el logro de la maternidad. Legrados, pospartos con los brazos vacíos, miedos…

En la evolución de mi búsqueda de las causas desconocidas que afloraban en mi camino, impidiendo que mis embarazos llegaran a término, cuando llegó a mi vida la reflexión de «por qué no ser madre», tras la pérdida de mi padre, desmembré una programación castrante instaurada en mi ser en los niveles físico, mental y emocional. Cuántos condicionantes y obstáculos en contra de mi creación de una nueva vida a través de mí, desde lo etérico (lo que no se ve con los ojos físicos) hasta lo más terrenal. Tuve que elevar mi apertura mental.

El logro de ser madre de un hijo vivo se convirtió en un reto, a través del sistema de reproducción natural, porque, como me recalcó una ginecóloga:
«El sistema de reproducción asistida no garantiza que un embarazo llegue a término. Tu pareja y tú sois fértiles. Seguid intentándolo».
Pero, este mensaje me confundía y frustraba, pues «Dios no juega a los dados». Con las consecuencias que conlleva un aborto, no podía jugar a que tarde o temprano llegara mi hijo, con intentos sin conciencia de qué me sucedía. Averigüé cada causa, la sané, la trascendí y me liberaba con cada nuevo paso alcanzado.

Llegó mi sexto embarazo con la predisposición de que mi niño ya estaba entre mis brazos, vivo. Tras un trabajo personal, interior alcanzado, tras años de proceso, me sentía en paz conmigo misma y con cada uno de mis hijos no vivos. Celebraba y agradecía cada día la evolución de la gestación. Me amé, me respeté, me cuidé física, mental y emocionalmente, al acecho de toda señal contraria a la vida y al amor, neutralizándola. Me aislé en mi mundo, un mundo para soñar, con fabulosa visión y sentimiento divino, apartada de personas tóxicas y de toda interferencia que me desviara de mi enfoque.

Mi embarazo llegó a término. Mi hijo nació vivo. Hay latido. Si el resultado hubiera sido una nueva pérdida, con el poder de mi intención, hubiera continuado mi camino. Estaba dispuesta a superar todo proceso negativo, a seguir sanándome y conseguir dar vida, desde el amor, sin miedos ante la posibilidad de perder mi vida. Sentía que «María Teresa» se va a ir de este planeta con los deberes hechos, y así es.

Con mi voz y mis palabras escritas, doy difusión y visibilidad a lo que muchas mujeres de todas las razas y destinos vivimos, y llevamos en silencio, en relación al área personal y majestuosa de la maternidad, llena de tantas variables y posibilidades diferentes a lo esperado y aceptado por el sistema social creado. Deseo que todas las mujeres reconquisten y sostengan la soberanía de su poder femenino creador, libres, vibrando y creando desde el amor y por el amor. Que la empatía de todos crezca a niveles exponenciales, sin juicio (no estamos en la piel de la mujer que vive desafíos) y convertirnos en sostén, presencia e impulso entre unas y otras, unidas. Ellas son mi propósito. Por Ellas. Por ti.

Si yo he logrado ser madre de un hijo vivo, tú también lo puedes conseguir.
«Soy Madre de Hijos no Vivos». Estoy contigo.

Te amo. A las personas se les ama.

Soy la autora de Soy madre de hijos no vivos, un proyecto que nace de mi propia historia y del deseo de ofrecer acompañamiento a mujeres que han vivido pérdidas gestacionales, neonatales o procesos de infertilidad.

Durante años busqué respuestas, palabras y espacios donde sentirme comprendida. No los encontré, así que decidí crearlos. Hoy trabajo para dar visibilidad a estas experiencias, aportar recursos emocionales y espirituales, y construir una comunidad donde cada mujer pueda sentirse vista, escuchada y respetada.

Mi propósito es claro: transformar el silencio en voz, el dolor en significado y la soledad en compañía.

Soy la autora de Soy madre de hijos no vivos, un proyecto que nace de mi propia historia y del deseo de ofrecer acompañamiento a mujeres que han vivido pérdidas gestacionales, neonatales o procesos de infertilidad.