Haciéndome presente con mi rostro y mi corazón ante ti, Mujer, Padre, Familia, os acompaño en vuestro proceso de Duelo Perinatal.
Con una experiencia personal de cinco abortos, cada uno con una causa diferente, por los que he transitado cinco duelos perinatales con los brazos vacíos, cinco pérdidas que llevo grabadas en mí desde el agradecer a cada ser que me eligió como madre, pero quedando nuestra unión en la gestación, pues no nacieron con latido en sus corazones, me siento en el deber de compartir todas las herramientas que llegaron a mi camino y me guiaron, me enriquecieron, y las aprendí, las integré, para mi mayor bien y el mayor bien de todos. Nuevos hábitos introducidos que fortalecieron mi cuerpo, mi mente, mis emociones. Revelaciones claves que me ofrecieron y fortalecieron mi certeza interior en el camino hacia el logro de mi maternidad, parir y ser madre de un ser con latido. Soy madre de hijos no vivos, con los brazos vacíos.
Transitemos juntos el duelo, el tiempo que necesites, pero te inspiro a que no nos quedemos en él. Desde mis transiciones personales en estos procesos, transformarlos en agradecimiento me permitió e impulsó a honrarme por el proceso doloroso que había vivido, a honrar a los seres que me aman, que también sufrieron cada pérdida, a honrar a cada hijo no nacido, visibles y reconocidos en mi clan. Nací programada para no ser madre. Me honré, tras liberarme de esta programación limitante, siendo madre de un hijo vivo. En mi camino, siempre me recordaba que cada día amanece de nuevo.
Mi tercer aborto aconteció en una semana veintiuna de embarazo, no reconocido por mi consciente ni el sistema médico hasta la semana veintitrés. Qué dormida estaba.
«No hay latido» en una gestación avanzada, conlleva la expulsión del bebé mediante un parto. El parto de mi niña «Sara» con su corazón quieto, me destrozó. Es la experiencia de mayor impacto emocional que he vivido. Recordé cómo es «parir» con un vacío inmenso. La muerte y la vida son una.
Desde el diagnóstico médico «no hay latido» hasta el desenlace del nacimiento de mi niña, el procedimiento de la medicina alopática en manos de los sanitarios me hizo percibir que «había un problema» en mi interior que debía desaparecer, debíamos eliminarlo de mi cuerpo. Se trataba de mi hija, un cuerpo con tres semanas sin vida en mi interior, a la que había perdido, se había desconectado. La ausencia del reconocimiento de que era una vida valiosa la que estaba parada en mí, prendió un dolor que me hizo plantar cara a mis miedos, a mi programación inconsciente y limitante. Cuando desperté tras la anestesia, en la sala del despertar, una de las enfermeras que me acompañaba me sugirió: «¿Quieres ver a tu niña? Es preciosa, y larguita, iba a ser grande». Sus palabras, que otorgaron por primera vez a mi niña visibilidad, ser reconocida, ternura, amor, me hundieron más en la tragedia que acababa de vivir. «No, no puedo verla.» Sabía que verla me impactaría. Viví un proceso tan frío desde que entré en el hospital, que esta llamada de la enfermera, de hacer presente que se trataba de mi hija, me desconcertó más. Desde aquí le agradezco supositiva intención.
Mi madre fue la única que reclamó el cuerpo de mi niña. «Quiero el cuerpo de mi nieta». La respuesta de la ginecóloga fue contundente: «No es posible. Al haber muerto en la semana veintiuna, no se considera resto humano. La familia no puede registrarlo ni organizar su entierro. Se queda en el hospital. Se le hará autopsia». No peleé por ella en ese momento. Por ella y por cada uno de mis hijos no vivos, he logrado ser madre de un hijo vivo, con latido.
Tras mi experiencia física, integro una formación continua acreditada sobre los principios de duelo perinatal y la atención sanitaria, caminando con familias en duelo, a través de la «Asociación «Umamanita». Todo ha cambiado en mí, y en la ley. Os acompaño para la gestión de vuestros derechos como madre y padre ante la pérdida perinatal, procedimientos necesarios, guía para vuestro proceso interior. Os amo
Si yo lo he logrado, tu también lo vas a conseguir.